biografia leonardo da vinci y Gioconda

Homo Universalis
“Leonardo
fue verdaderamente admirable y divino... La naturaleza le quiso
favorecer de tal manera que, hacia donde él dirigiera su pensamiento, su
cerebro y su alma, mostraba tanta divinidad en sus cosas que nadie
podía comparársele en agilidad, en vivacidad, en bondad, en ligereza y
en gracia.”
Giorgio Vasari
Leonardo
Da Vinci fue el hombre más universal de Renacimiento, prestó atención a
todos los campos de la ciencia. De hecho, a Leonardo Da Vinci se le
atribuye el título de “Homo Universalis” por su polifacética actividad
como ingeniero, arquitecto, escultor, músico, escritor, diseñador,
dibujante, filósofo, científico y excelente maestro de la pintura.
Este
insigne hombre nació en Vinci, aldea cercana a Florencia, el 15 de
abril de 1452, y fue al parecer, hijo ilegítimo de un notario, siendo
éste el primero de los diversos puntos oscuros que presenta su
biografía, muy compleja y poco conocida con seguridad.
En
1482 Leonardo se trasladó a Milán, donde permaneció durante casi veinte
años al servicio de Ludovico el Moro. Allí Leonardo se convirtió en el
ingeniero del duque y en el maestro de obras de trabajos
hidráulicos, de proyectos de arquitectura y de urbanismo, de
complicados aparatos y máquinas destinados a las fiestas y espectáculos
de la corte, etc.
Existen
evidencias de que Leonardo, como maestro de pintura, tuvo discípulos en
Milán para los cuales probablemente escribió los textos que más tarde
se agruparían en su Tratado de Pintura. Su
obra pictórica más importante del periodo milanés son las dos versiones
de La Virgen de las Rocas que, aunque le fue encargada en 1483, no la
acabaría hasta diez años después, de acuerdo a sus personales teorías de
que la ejecución de una pintura debía de ser lenta. En este cuadro
aplica el esquema compositivo triangular, en el que enmarca a la Virgen,
el Niño, San Juan y el Ángel, y por otro lado, utiliza por primera vez
la técnica del sfumato, (el sfumato consiste en eliminar contornos netos
y precisos de las líneas y diluir y difuminar éstos en una especie de
neblina que produce un efecto de inmersión en la atmósfera). Por otra
parte, hace muestra de un magistral dominio de la mímica que expresa en
los gestos de las manos de los personajes.
También
durante la estancia milanesa, pero ya en torno a 1485-1495 realizaría
diversos retratos de excelente calidad, como la Dama con Armiño, el
Músico, la Madona Litta...
De
1495 a 1498, Leonardo trabajó en la ejecución de una de sus principales
realizaciones: La Última Cena, donde hizo gala de sus profundos
conocimientos de la geometría para conseguir la plasmación de un espacio
amplio en el que distribuir las figuras de los Doce Apóstoles y de
Cristo. Para ello los agrupó de tres en tres, dejando en el centro la
imagen del Salvador, que se recorta nítidamente sobre una ventana
abierta con un fondo de vaporoso paisaje.
La
caída de Ludovico el Moro en 1499, tras el enfrentamiento con las
tropas francesas de Luis XII, obligó a Leonardo a abandonar Milán y
andar un tanto errante por Mantua y Venecia. En 1502 entró al servicio
del Cesar Borgia, Duque de Romaña, hijo del papa Alejandro XI, y en su
calidad de arquitecto e ingeniero mayor del duque, Leonardo supervisó
las obras en las fortalezas de los territorios papales del centro de
Italia.
En
1503, ya en Florencia, fue miembro de la comisión de artistas
encargados de decidir sobre el adecuado emplazamiento del David de
Miguel Ángel. También ejerció de ingeniero en la guerra contra Pisa. Al
final de este año empezó a planificar la decoración para el Gran Salón
del Palacio de Signocia.
Por
estos mismo años el artista de Vinci acometería la que, sin duda,
resultaría su obra mas famosa: el retrato de La Gioconda o sea la Mona
Lisa, sobre cuya identidad se han barajado varias hipótesis (la más
extendida dice que se trata del retrato de la esposa del mercader
Francesco del Giocondo); Leonardo terminó la obra hacia 1506, aunque
continuó retocándola en posteriores ocasiones, ya que nunca se
desprendió de la tabla. Este retrato, que sobresale tanto por sus
innovaciones técnicas como por el misterio de su legendaria sonrisa, es
la más preciada obra que hoy guarda el Museo de Louvre.
En 1506 Leonardo retornó a Milán, donde entró al servicio del gobernador francés Carlos
Amboise, interrumpiendo esta etapa a finales de 1513 para viajar a
Roma, donde residiría hasta 1516 y donde probablemente culminaría el San
Juan Bautista y el perdido cuadro de Leda y el Cisne.
A
principios de 1517 acepta la invitación del rey francés Francisco I
quien, como señal de su inmensa estima le concede un palacete a orillas
del Loira, cerca de Amboise. Pasó sus últimos años serenamente, poniendo
en orden sus documentos para la publicación de grandes tratados y
dibujando una serie de visiones apocalípticas de diluvios y grandes
mareas. Muere el 2 de mayo de 1519, asistido por el fiel Melzi, al que
en su testamento lega todos sus manuscritos.
Si
estudiamos el trabajo que realizó Leonardo Da Vinci apreciaremos que en
sus obras están unidas las cuatro columnas del Saber: Ciencia, Arte,
Filosofía y Religión, como única manera de transmitir un verdadero
conocimiento. Conocimiento que extrajo de la misma Naturaleza, como bien
nos lo hace saber. Estudiaba toda la naturaleza, el arte trascendental,
fundamentado en la “Ley del Siete”. A través de sus obras intentaba
expresar la realidad, la esencia de todas las cosas. Podemos distinguir
de este Arte Regio de la Naturaleza, o arte Gnóstico, el arte subjetivo
moderno que a nada conduce pues se trata de un arte materialista, donde
todo aliento de espiritualidad ha desaparecido.
Este hombre genial con su variedad de estudios y trabajos, rompió los límites medievales y ejerció una honda
influencia sobre los restantes pintores de su época. Mediante una
continua experimentación en el campo técnico, intentó aportar nuevos
conocimientos pictóricos. Entre sus discípulos podemos nombrar a
Francisco Melzi, Ambrosio de Predis, excelente retratista, Boltraffio,
Andrea Solario, el Sodoma y, muy particularmente, a Bernardino Luini.
Leonardo cuestionó la concepción de la labor del artista. Para Leonardo ésta es una “creación de la naturaleza” que exige una serie de conocimientos, anatomía, física, óptica, matemáticas, botánica, etc...
Por
ello, insiste con frecuencia en sus escritos en la idea de que la
pintura, lejos de ser un arte mecánico, es una actividad intelectual y
científica, basada en la experimentación.
Podemos destacar de su cuaderno de notas el siguiente escrito:
“Soy
plenamente consciente de que al no ser un hombre de letras, ciertas
personas presuntuosas puedan pensar que tienen motivos para reprochar mi
falta de conocimientos. ¡Necios! Acaso no saben que puedo contestarles
con las palabras que Mario dijo a los Patricios Romanos: Aquellos que se
engalanan con las obras ajenas nunca me permitirán usar las propias.
Dirán
que al no haber aprendido en libros no soy capaz de expresar lo que
quiero tratar; pero no se dan cuenta que la exposición de mis temas
exige experiencia más que palabras ajenas. La experiencia ha sido la
maestra de todo gran escritor; por eso será ella la que yo citaré como
nuestra”
Leonardo
destacó por encima de sus contemporáneos como científico. Sus teorías
al igual que sus innovaciones artísticas, se basan en una precisa
observación científica rigurosa. Sus descubrimientos no se difundieron
en su época debido que suponían un avance tan grande que los hacían
indescifrables. Anticipó muchos descubrimientos de los tiempos modernos.
En
el campo de la anatomía estudio la circulación sanguínea, el
funcionamiento del ojo, etc. Nos dice que; “el ojo es la ventana del
alma, es el órgano principal por el que el entendimiento puede tener la
más completa y magnifica visión de las infinitas obras de la naturaleza”.
Realizó
también descubrimientos en metereología y geología, conoció el efecto
de la luna sobre las mareas, anticipó la formación de los continentes y
conjeturó sobre el origen de las conchas fosilizadas.
Por
otro lado, como investigador de la hidráulica descubrió el hidrómetro;
su programa para la canalización de ríos, todavía, posee valor práctico.
Inventó un gran numero de maquinas ingeniosas, entre ellas el traje de
buzo, y especialmente sus máquinas voladoras, que establecieron algunos
principios de la aerodinámica.
Un
creador en todas las ramas del arte, un descubridor en la mayoría de
los campos de la ciencia, un innovador en el terreno tecnológico, un
profundo estudiador religioso. A Leonardo, por ello, se le ha concedido
el título de Homo Universalis.
La Gioconda
Leonardo
Da Vinci dotó a este cuadro de un hálito misterioso; se han barajado
muchas hipótesis al respecto, acerca de su identidad, de su enigmática
sonrisa. Pero más bien debemos preguntarnos qué es lo que intentaba
transmitir Leonardo, qué verdades transcendentales nos quería mostrar.
Para
llegar a ese conocimiento de la Gioconda tenemos que utilizar la
imaginación, pues querer saber de la verdad de esta obra con el
intelecto es cometer el error de querer estudiar Astronomía con el
microscopio, o querer estudiar Bacteriología con el telescopio.
Entonces, más vale que empecemos a subir por la escala de la
imaginación, que después llegará la inspiración, y al fin llegaremos a
la intuición. Debemos comprender que la imaginación es el traslúcido del
alma, el espejo del alma, la divina clarividencia. Para el devoto
imaginar es ver.
En
la Gioconda, el motivo principal es una mujer con rostro sereno,
limpio, con profunda mirada, con una suave y enigmática sonrisa. Su
cabello está cubierto por un fino velo que no nos oculta la visión de
sus cabellos. El ropaje es elegante y delicado. Su mano derecha reposa
sobre la izquierda y su rostro nos comunica Amor. El fascinante paisaje
del fondo nos atrae hasta llegar a sus cumbres recorriendo alguno de los
dos caminos que surgen detrás de la mujer: uno a la izquierda en la que
aparece un camino con muchas vueltas, montañas y un gran lago; al otro
lado, al derecho, aparece un camino recto, con un puente sin agua, que
nos lleva a inmensas montañas en las que aparecen unos elevados picos.
Sin
duda, este cuadro es obra de la imaginación consciente del artista, de
la imaginación creadora. Ese tipo de imaginación, desarrollada, es
grandiosa, sublime. Ese tipo de imaginación, desarrollada, permitió a
Leonardo Da Vinci plasmar en el lienzo a la Gioconda que, desde luego,
no es el retrato de alguna novia de Leonardo.
Se equivocan los que así piensan. Cuando uno mira a la Gioconda ve que
no tiene nada de "noviazgo"; no aparece, en ella, nada semejante. Es un
cuadro sublime, que lleva a sentir un
"algo" en el corazón, muy distinto a las emociones inferiores; siente
uno un "algo" sublime, como si se encontrara uno frente a frente de un
deiduso, de un ángel. En la Gioconda no hay nada de voluptuosidad, ni de
erotismo, ni de coquetería, o algo que se pudiera parecer a cosa
humana. No hay nada de eso en la Gioconda. Se necesita ser intuitivo
para entender lo que es la Gioconda.
Leonardo
Da Vinci, en su "traslúcido", captó la imagen de la Gioconda, no es una
imagen fantástica, lo que él captó. Captó a su propia Madre Divina
Kundalini y la pintó en el lienzo.
Sólo
un auténtico alquimista y cabalista, como el V. M. Samael puede
entender y explicarnos el verdadero significado de la Gioconda, y por
ello nos invita a observar el cuadro y a fijarnos en los dos caminos que
aparecen a lado y lado de la figura central. Uno de esos caminos, es el
espiraloide, el de la izquierda, y va al agua; el otro, es un camino
más largo y en vez de ir al agua, se interna en un bosque. Allí está la
clave. El que entiende cuáles son los dos caminos, sabe muy bien que
Leonardo Da Vinci pintó a su Divina Madre Kundalini.
El
camino ese espiraloide, que va al agua, es la "vía húmeda" de la
Alquimia. Algunos Iniciados, cuando llegan al estado legítimo de hombres
reales, verdaderos, se definen por la senda espiral nirvánica, por la
"vía húmeda". Esos se sumergen en el Nirvana, y por allá en eternidades
de eternidades, toman cuerpo alguna vez, y pueden tomar cuerpo en
cualquier planeta del espacio infinito, para dar un paso adelante. De
manera que ellos viven, ante todo, en felicidad, son dichosos. Los
otros, los que escogen la "vía seca", o sea, la directa, se internan en
el "bosque" de la Alquimia.

Leonardo
Da Vinci pinta a su Divina Madre Kundalini, entre los dos caminos: el
de la espiral, o sea la "vía húmeda", y el de la directa, que se interna
en el "bosque" de la alquimia. Obviamente, sólo con la ayuda de la
Divina Madre Kundalini, puede uno avanzar en cualquiera de las dos vías,
sea en la "vía húmeda" o sea en la “vía seca".
Los
alquimistas, hablando en lenguaje simbólico o alegórico, dicen que "en
la vía húmeda el trabajo se puede realizar en 18 meses", y que "el
trabajo en la vía directa, es decir, en la vía seca, se puede realizar
en ocho días" Naturalmente, se está hablando en números simbólicos, pero
resulta que, afortunadamente, gracias al V. M. Samael conocemos el
lenguaje de los Alquimistas. Debido a eso podemos afirmar, en forma
enfática, que la Gioconda de Leonardo Da Vinci es su propia Madre Divina
Kundalini. ¡Y la pintó, sí señor! Esa es la Gioconda.
el fue vegetariano, gnóstico por excelencia y taoísta por practica..!!
Hay
dos tipos de Imaginación: existe la Imaginación mecánica y existe la
Imaginación consciente. La imaginación mecánica no sirve: es la
fantasía, y la fantasía está formada con los desechos de la memoria; por
lo tanto, no sirve. Se necesita la Imaginación consciente, de la
Imaginación activa, de la Imaginación intencional. Ese tipo de
Imaginación, desarrollada, es grandiosa, sublime.
Ese
tipo de Imaginación, desarrollada, permitió a Leonardo Da Vinci plasmar
en el lienzo a “La Gioconda” (que, entre paréntesis, mucho se ha
hablado de “La Gioconda”; algunos suponen que “fue la novia” de Leonardo
Da Vinci. Se equivocan los que así piensan. Cuando uno mira a “La
Gioconda”, y yo los invito a ustedes a que reflexionen en esto, a que
observen la pintura de “La Gioconda”, ve que no tiene nada de
“noviazgo”; no aparece, en ella, nada semejante. Es un cuadro sublime.
Lo mira uno, y siente un éxtasis, un éxtasis un “algo” en el corazón,
muy distinto a las emociones inferiores; siente uno un “algo” sublime,
como si se encontrara uno frente a frente de un deiduso, de un ángel. En
“La Gioconda” no hay nada de voluptuosidad, ni de erotismo, ni de
coquetería, o algo que se pudiera parecer a cosa humana. No hay nada de
eso en “La Gioconda”. Se necesita ser intuitivo para entender lo que es
“La Gioconda”).
Leonardo
Da Vinci, en su “traslúcido”, captó la imagen de “La Gioconda”, que no
es una imagen fantástica, lo que él captó. Captó a su propia Madre
Divina Kundalini, y esa es la que pinta en el lienzo (es su Madre
Divina). ¿En qué me baso yo, para decirles que “La Gioconda” es la Madre
Divina Kundalini de Leonardo Da Vinci? ¿En qué me baso? Me baso en que
soy Alquimista y Cabalista. Si ustedes miran el cuadro de “La Gioconda”
verán dos caminos (allá, a lado y lado de la figura central). Uno de
esos caminos, es el espiraloide (el de la izquierda) y va al agua; el
otro, es un camino más largo: en vez de ir al agua, se interna en un
bosque. Allí está la clave. El que entiende cuáles son los dos caminos,
sabe muy bien que Leonardo Da Vinci pintó a su Divina Madre Kundalini.
El
camino ese espiraloide, que va al agua, es la “vía húmeda” de la
Alquimia. Algunos Iniciados, cuando llegan al estado legítimo de hombres
reales, verdaderos, se definen por la senda espiral nirvánica, por la
“vía húmeda”. Esos se sumergen en el Nirvana, y por allá en eternidades
de eternidades, toman cuerpo alguna vez, y pueden tomar cuerpo en
cualquier planeta del espacio infinito, para dar un paso adelante. De
manera que ellos viven, ante todo, en felicidad, son dichosos. Los
otros, los que escogen la “vía seca” (o sea, la directa), se internan en
el “bosque” de la Alquimia.
Leonardo
Da Vinci pinta a su Divina Madre Kundalini, entre los dos caminos: el
de la espiral, o sea la “vía húmeda”, y el de ese otro, el de la
directa, que se interna en el “bosque” de la alquimia. Obviamente, sólo
con la ayuda de la Divina Madre Kundalini, puede uno avanzar en
cualquiera de las dos vías, sea en la “vía húmeda” o sea en la “vía
seca”.
Los
alquimistas, hablando en lenguaje simbólico o alegórico, dicen que “en
la vía húmeda el trabajo se puede realizar en 18 meses”, y que “el
trabajo en la vía directa, es decir, en la vía seca, se puede realizar
en ocho días” Naturalmente, se está hablando en números simbólicos, pero
resulta que, afortunadamente, somos Alquimistas y conocemos el lenguaje
de los Alquimistas. Debido a eso podemos afirmar, en forma enfática,
que “La Gioconda” de Leonardo Da Vinci es su propia Madre Divina
Kundalini. ¡Y la pintó, sí señor! Esa es “La Gioconda”...
Así,
pues, si él no hubiera desarrollado el “traslúcido”, ¿cómo podría
haberla visto? Pero él había desarrollado el “traslúcido”, y aún más:
había subido por la escala de la Inspiración y había llegado también a
la tercera escala, que es la de la Intuición.
Las Facultades Superiores del Hombre. Samael Aun Weor
“Si todos los seres humanos viviéramos enamorados, hasta el mismo veneno de las víboras desparecería”
Samael Aun Weor
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